Dicen que la muerte nos iguala a todos, pero es un tópico más. Nada nos iguala. Nacemos. Morimos. Todos recorremos el mismo camino... No...mejor dicho, llegamos al mismo sitio: a la nada, pero hay maneras y maneras de hacerlo. Hay quien elige el modo de morir.
Una vez me pasó por la cabeza la idea de marcharme al otro barrio, y me entretuve en pensar la manera de ejecutarme... Las pastillas son lo más socorrido, pero ¡ es algo tan vulgar!....Cortarme las venas no me sedujo, se pone todo perdido, aunque el efecto cromático me atrae...El blanco de la bañera teñido de carmín y el morado de los labios en un frío amanecer... El gas, tampoco, no soportaría el fétido olor en mi pituitaria. Saltar al vacío...ni pensarlo, tengo vértigo, antes de llegar al suelo me hubiera muerto del miedo.
Como no vivo en Estados Unidos, no puedo pedirle al vecino su arma para pegarme un tiro, y...entonces me acordé de Elvys, según cuentan, al realizarle la autopsia, encontraron en su estómago media docena de donuts y gran cantidad de nata...bueno y en sangre tenía de todo...Por eso si alguna vez decidiera suicidarme, lo haría hartándome de comer hasta reventar... Subiría el colesterol y los triglicéridos con buen embutido y convertiría mi sangre en miel de tanta glucosa en vena... Castigaría mi hígado con el mejor licor del mercado y me atiborraría de bocadillos de anchoas, y todo en una sola noche...hasta reventar....Pero no lo hice, nunca quise acabarme.
Hay quien muere en sábanas de raso rodeados de parientes y abogados y hay quien muere solo en un catre donde la muerte se tapa la nariz para no contaminarse con el hedor del nuevo cliente, cuyo síndrome de Diógenes le ha hecho acumular basura durante años hasta matarle. Entre estos dos no hay tanta diferencia, tan sólo un pequeño matiz: el material acumulado. El primero acumula lo que todos quieren y anhelan, mientras el segundo acumula los desperdicios, lo que los otros tiran: Los deshechos. A los dos les mueve el mismo afán de acumular sin embargo la vida es tan diferente...
Hay quien muere en un hospital, conectado a máquinas que respiran por él, no son conscientes ¿ o sí? de que alargar esa agonía no sirve para nada y mientras los médicos juegan a ser dios o estudian la capacidad de destrucción del ser humano, un cuerpo permanece rodeado de cables, pegado a un hilo de vida.
Otros mueren en la calle, da igual el motivo, un coche, un infarto o un andamio, ¡zas!, un trabajo limpio...uno menos así, sin más...Pero no todas las calles son iguales. No, no, no.
Puestos a morir, seamos elegantes y muramos de amor o desamor que tanto monta.... o precisamente por no montar se muere igual.
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Archivos de: May 2008
Maneras de morir
La felicidad del gato
La niña preguntaba a su madre qué era la felicidad, ésta con la mirada perdida le contestó: "La felicidad es un destello efímero que te alcanza en cualquier momento, por eso has de estar atenta y ser consciente de lo que te sucede para fijarlo en todos tus sentidos y recordarlo cuando estés apenada".
La niña no entendió muy bien la explicación, sin embargo cuando vio a su madre embelesada escuchando el concierto para piano de Maurice Ravel, pensó que en ese momento ella recordaba uno de esos destellos. Lo mismo sucedía cuando la veía mirar fotos de paisajes, de calles vacías, de atardeceres rojos... una sonrisa se le dibujaba en un rostro ausente y perdido.
-Mamá, ¿eres feliz ahora? preguntaba la niña.
Una lágrima fue la respuesta, como surco abierto a la esperanza...
Un enigma, esto de la felicidad, pensó la niña y se puso a jugar con el gato, convencida de que él, sí era auténticamente feliz porque sabía estar solo cuando le apetecía y buscaba mimos cuando estimaba conveniente.
Valjai para dos lunas
Un nuevo hijo me ha llegado, un nuevo parto he padecido...
No es duro concebir un libro, pues el momento de la creación siempre es satisfactorio, lo malo viene al publicar y luchar contra editores, distribuidores y libreros... ahí está el dolor , el desánimo y la decepción. Pero aquí está la criatura abriendo los ojos al mundo, ahora hay que esperar que el mundo quiera abrir los ojos para ver lo que sus páginas encierran.











