La niña preguntaba a su madre qué era la felicidad, ésta con la mirada perdida le contestó: "La felicidad es un destello efímero que te alcanza en cualquier momento, por eso has de estar atenta y ser consciente de lo que te sucede para fijarlo en todos tus sentidos y recordarlo cuando estés apenada".
La niña no entendió muy bien la explicación, sin embargo cuando vio a su madre embelesada escuchando el concierto para piano de Maurice Ravel, pensó que en ese momento ella recordaba uno de esos destellos. Lo mismo sucedía cuando la veía mirar fotos de paisajes, de calles vacías, de atardeceres rojos... una sonrisa se le dibujaba en un rostro ausente y perdido.
-Mamá, ¿eres feliz ahora? preguntaba la niña.
Una lágrima fue la respuesta, como surco abierto a la esperanza...
Un enigma, esto de la felicidad, pensó la niña y se puso a jugar con el gato, convencida de que él, sí era auténticamente feliz porque sabía estar solo cuando le apetecía y buscaba mimos cuando estimaba conveniente.
Yo creo que la felicidad es un mito, como Dios, el hombre lobo o el político decente. Lo que sí nos ilumina de tarde en tarde es un instante de belleza o de placer, un pensamiento fugaz, un rastro de esperanza, un plato de jamón de Guijuelo, un verso, una línea recta con palabras curvas, una chispa de la llama de la inteligencia.