Decidió a última hora ir con sus amigas a cenar, como era carnaval le dijeron que tenía que ir disfrazada, Eulalia miró dentro del armario a ver que podía improvisar. Su amiga Lucía iría vestida estilo años veinte, con un largo collar de grandes perlas grises y un casquete calado hasta las cejas.
Un pantalón... una camisa negra... un chaleco y una corbata... iría vestida de hombre. Cuando se miró al espejo vio al mismísimo Raphael frente a ella, al menos ir de oscuro disimulaba sus michelines, así que sin grandes expectativas salió a la calle a encontrarse con las demás.
Se sentía un poco ridícula, porque una no puede ir disfrazada de lo que sea y tener la cara más triste de la ciudad. Eulalia miraba a su alrededor y veía a la gente feliz, bailando por la calle, en los bares... miró a sus amigas esforzándose por divertirse. De pronto Eulalia se dio cuenta de que las cuatro eran unas cacatuas trasnochadas y patéticas.
No, ya no se divertía como antes... era como si estuviera fuera de lugar y posiblemente así era. Entonces oyó una coplilla cantada entre risas y vinos:
Antes de santa cuaresma,
comer buena carne debes;
y carne quieres tocar
por si después no pudieres.
Que puestos al sacrificio
de carecer de un filete,
primero santa lujuria
debe quedar bien servida,
pues las ganas de comer
con pan y vino se calman
mas no se sacia el deseo
con migas de calabaza...
que cuerpos carnavalescos
se encienden bajo las capas
y bailando al mismo son
dulces suspiros alcanzan.
Se despidió de las amigas y se fue calle abajo mientras se quitaba la corbata dicendo: "yo soy aquel..."
Gloria de Frutos













26.06.08 @ 21:57