Anoche terminé de leer este libro, y lo hice llena de emociones intensas, las que su lectura me ha provocado.
Entre la novela y el ensayo, una mujer madura y una niña que cultivan la inteligencia, nos cuentan sus impresiones sobre todo cuanto las rodea, mientras sus vidas transcurren entre lo cotidiano y lo filosófico.
Afirma una de sus protagonistas que "el arte es la emoción sin el deseo" para luego cuestionarse "¿ para qué sirve la inteligencia si no es para servir?
La niña concluye su diario: "Quizá estar vivo sea esto: perseguir instantes que mueren"
Estoy blanda, lo confieso, por eso lloré mientras devoraba las últimas páginas, era un llanto generoso y catártico que se fundía con el propósito de la niña: "A partir de ahora buscaré los siempres y los jamases. La belleza en este mundo"
Y yo...
iagoba7
Intentaré observar ese erizo, y si advierto entre sus espinas esa cautivadora elegancia que has puesto de manifiesto con tus lágrimas, elegancia que estoy seguro que existe (otra cosa es que yo la perciba) te lo haré saber al instante, más que nada por vivir, por sentir, como dice la niña, el instante...