A Doña Engracia le dolía el pensamiento, por eso se afanaba en dejar la mente en blanco y así relajar la parte afectada de sufrimiento. Como una hoja de papel inmaculada, construía paisajes vacíos dentro de su cerebro.
Qué difícil le resultaba eliminar ciertas imágenes, pero el empeño era grande y poco a poco lo conseguiría. Porque despertarse con la misma idea cada mañana y dormirse con el mismo nombre en los labios le resultaba una condena de la que quería liberarse.
Ejercicio número uno: soy agua - se decía - y en el agua nada se esculpe, toda forma se diluye.
Ejercicio número dos: soy aire y arrastro las hojas caducas y los tejados mal afianzados.
Ejercicio número tres: soy fuego y convierto en cenizas todo lo que toco.
Ejercicio número cuatro: soy tierra y en mi seno germinarán nuevas emociones que enterrarán las anteriores.
Y así, cada día, Doña Engracia se consumía como una pavesa, ahogada en su propio llanto, borracha de ventoleras, quemadas sus ilusiones y sepultada en vida.
Moraleja: Nunca olvides los buenos momentos aunque la ausencia te oprima el alma. Recordar es volver a vivir.
Tigresa
Cuando mi mami quedó viuda hizo ese ejercicio, dejo de escuchar la música de los 70, dejó de ver la teleserie que veía con mi papi, y sobre todo trató de dejar de hablar de él ... pero ahí estaba el recuerdo, siempre vivo, y siempre necesario... los recuerdos son así, mientras más tratas de olvidar más se recuerdan... y paradojicamente lo que si logró olvidar fue cuando salimos del colegio, quienes eran nuestros amigos de infancia, cual fue la primera palabra de cada una de sus hijas y otro sin fin de recuerditos pequeños que endulzan el alma... a pesar de eso la vida sigue y mi mamá que enviudó a los treinta y siete es una gran mujer