Parece mentira que a estas alturas haya estado completamente aislada. Primero una avería de teléfono que tardé en detectar y cuando por fin lo soluciono, me quedó sin Internet casi una semana. Inaudito.
Para consolarme, alguien me recuerda que cuando yo era niña, poner una conferencia de Madrid a Cuenca era toda una odisea. Primero llamabas a la operadora que era una señora de voz algo gangosa y te decía que tenías una demora de al menos una hora. A la hora y media recibías una llamada de la susodicha "Su conferencia con Cuenca, hable por favor". Ahora todo es automático y digital, pero ¡Ay! cuando un cable dice que no, es que no y no hay más técnica que la que arde.
Mientras tanto en Valencia nos come el glamour de los millonarios, de la gente VIP, de la fórmula 1. Los señores feudales permiten a la plebe que vean cómo se divierten los ricos mientras llenan sus alforjas de dinero.
Menudo fiasco. Ya veremos si nos salen las cuentas porque esto se ha pagado con un dinero público que nunca va a revertir a las arcas del municipio.
Tiempo al tiempo.